Historia del coche eléctrico

Historia del coche eléctrico

¿Sabías que gracias al vehículo eléctrico estamos volviendo a los orígenes y al orden lógico de las cosas? La electricidad siempre ha existido y siempre existirá, y fue el medio energético que se utilizó para tirar adelante los primeros coches. Hoy hacemos un poco de historia y explicamos por qué no han tenido la tirada necesaria hasta ahora.

El Benz Patent-Motorwagen de 1888 es considerado como el primer coche de la historia, en parte por el diseño de Karl Benz, y en parte porque su mujer Bertha lo condujo en un viaje de ida y vuelta de 170 kms (convirtiéndose en la primera persona que hacía un viaje tan largo en automóvil). El Motorwagen funcionaba con éter de petróleo, pero ya hacía tiempo que la movilidad eléctrica estaba en campo de pruebas, y la tecnología era más avanzada que la de los motores de combustión. De hecho, entre finales del s.XIX hasta finales de la primera década del 1900, el coche eléctrico vivió una época de esplendor, sin la cual el coche no habría podido ser un objeto de masas. Se puede decir perfectamente que la popularización del coche no habría sido posible sin la electricidad.

La electrificación de los vehículos ya viene de principios del siglo XIX, cuando el escocés Robert Davidson inventó una locomotora eléctrica con baterías de zinc y ácido el año 1835. El invento se puso a prueba en la línea férrea que había entre Edimburgo y Glasgow, llegando a la espeluznante velocidad de 6 km/h, y eso que no transportaba ni mercancías ni personas. Este invento demostró dos cosas: la primera, que efectivamente la electricidad podía llegar a mover cosas, la segunda, que al vehículo eléctrico aún le quedaba mucho camino por delante.

No obstante, después del fiasco de Davidson, otro escocés, que también se llamaba Robert de nombre, però Anderson de apellido, decidió aplicar el mismo tipo de baterías en un carruaje. Y sí, también se movió lo suficiente como para demostrar que sin caballos también se podía tirar de un carro… Pero muy lentamente, muy poco rato, muy poco trozo y, además, las baterías no sólo eran de un solo uso, sino que también eran carísimas.

Pero tanto Davidson como Anderson ya sentaron precedentes. El primero llegó a ser reconocido como uno de los padres del metro, ya que su sistema sirvió como base par poder idear el sistema de trenes subterráneos que pasa por el subsuelo de las grandes ciudades mundiales, mientras que Anderson es el primer precursor del coche.

Los sistemas de electrificación y las baterías fueron mejorando a mediados del siglo XIX, sobretodo, a partir del trabajo hecho por dos de los inventores, investigadores y emprendedores más notables de la época: Thomas Edison y Nikola Tesla. Sobre todo, la batería de níquel-hierro de Edison significó un paso adelante muy significativo por lo que respecta a la autonomía y la potencia de los vehículos eléctricos en las que se aplicaría.

Pero sin ningún tipo de duda, el gran empuje que tuvo el coche eléctrico a finales del siglo XIX fue que el primer coche en llegar a superar los 100 km/h fue, precisamente, eléctrico. La Jamais Contente, orgullosamente belga, cromado, con forma de torpedo pero con el cuerpo entero del conductor fuera de la carlinga, fue el coche más veloz de la tierra del 1899.

Un año antes el joven ingeniero Ferdinand Porsche, entusiasmado por el encargo de un fabricante, que le pidió un carruaje que no estuviera tirado por caballos, ideó un motor alimentado por baterías con una caja de cambios de 12 velocidades, y lo acoplo todo en un carro. Este también fue un resultado digno de un coche eléctrico como lo conocemos hoy en día, ya que el P1 – de ‘Porsche’ – podía rodar 78 kilómetros sin recargar y llegaba hasta los 34 km/h. Éste fue el primer coche que fabricó antes de fundar la automovilística que lleva su apellido.

Desde entonces en adelante, hubo un gran ‘boom’ del coche eléctrico, ya que grandes ciudades como Nueva York y Londres empezaban a introducir servicios de taxis automóviles, además de los servicios de carruajes que ya eran ampliamente extendidos por aquél entonces. Para poner un ejemplo, según el libro ‘The Electric Car: Development and Future of Battery, Hybrid and Fuel-cell Cars’ de Michael Hereward Westbrook, dice que en el año 1900 se fabricaron en los Estados Unidos un total de 1.684 coches a vapor, 1.575 eléctricos y 963 a gasolina.

La gente prefería los eléctricos porque eran más limpios, no hacían ruido, eran muy potentes, no emitían ni gases ni humos y tenían autonomía suficiente para correr todo el día mientras se podían cargar por la noche.

¿Verdad que todo esto os suena de algo?

Aun así, la gasolina, que fue desarrollada a partir de los subproductos del petróleo, acabó ganando la batalla como fuente de alimentación de los vehículos rodados durante la mayor parte del s.XX, ya que la gran ventaja que ofrecían era la autonomía.

Hoy en día los vehículos eléctricos continúan ofreciendo las mismas ventajas que hace un siglo: son silenciosos, no emiten un solo gramo de gases nocivos para la salud, son potentes, tienen una capacidad de arranque más notable que la de un coche movido por gasolina… y sí, ahora hasta hay que tienen una autonomía que puede llegar a superar la de un coche convencional.

Otro punto crítico dónde también se ha avanzado mucho es en la de la cantidad y la posición de los 330 puntos de recarga disponibles en el territorio catalán para poder recargar las baterías. El año que viene también se espera que cualquier habitante de Catalunya tenga un punto de recarga rápida a menos de 25 km de dónde esté, así como también se está trabajando en nuevas tecnologías para que los aparcamientos múltiples privados puedan tener acceso a puntos de recarga rápida, gracias al plan que ICAEN está llevando en marcha. Mucho mejor que en el s.XIX!

Desde LIVE te ayudamos a volver a los orígenes… del coche. Si le das un vistazo a nuestra página web, descubrirás como puede beneficiarte el hecho de adquirir un vehículo eléctrico, así como también encontrarás información sobre ayudas y subvenciones.

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